El viento que de tí proviene
exalta el recuerdo en mi memoria
y una suave sensación de ligereza
inunda mi razón y mi oratoria.
Los miles de caminos imposibles
recorro presuroso en un instante,
las luces de tu rostro majestuosas
aparecen sin aviso en todas partes.
Eres tú, fuiste tú, serás tú
la vida en entusiasmo poderosa,
la vida exuberante de alegría,
la vida que Jehová mucho atesora.
Por eso Le agradezco yo el regalo
que dió al permitirme sonreírte.
El viento de tu boca en mis oídos
endulza mi existencia al oírte.
Diciembre 2008.


